cuando
una parte del sufrimiento se vuelve estética, permite sobrellevar al ser en los
mares de la vida.
Si por desgracia caemos en la cuenta de lo absurdo que es
mirarnos en tercera persona, con esa ilusoria de
relato o film que te coloca en
el prestigio, entonces nos hundiremos en una gravedad infinita,
con un
desesperado desarraigo de existir.
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