junio 10, 2016

cortocircuito


Celine. ¿Cuánto hilo suelto cabe en tu cabeza? Y creés que todo se soluciona llorando y yéndote a dormir. Pero sabés con certeza al segundo que salís de ese surrealismo, que fue un escape de guarida. Y el inevitable esperó en todo tu viaje onírico, en el lado que más duele. Pero si nuestra locura no es más que desesperación y un enredo de reflexiones egocéntricas cubiertas de perspectiva débil. Así y todo, solo nosotras dos sabemos lo que sufrimos. Lo que vemos y sentimos. Y al final del día (y al principio, y en el transcurso) nos inundamos de angustia, nos volvemos a inclinar en la tristeza.
Celine, ¿Cuándo tendremos paz? En qué momento te volviste mi enemiga, nuestra relación funcionaba tan bien. ¡El mundo era nuestro, Celine! Ahora tu hábitat es una cueva repleta de estalactitas. Te extraño tanto. 
Y no bajes del colectivo cuando hay que bajarse. No toques el timbre. No camines por los lugares que se suponen. No actúes con lógica de maquinaria. No lo hagas si no querés, te voy a entender. Tal vez podamos sobrevivir de todas formas. En calles de arena movediza con las utopías a modo de oasis. Agregando experiencias a nuestro cuaderno de recuerdos. Hasta que se acaben las hojas, o se pudran por la humedad del llanto.
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